Aunque oficialmente los cambios emocionales y físicos de la adolescencia ya pasaron, la realidad es que parece que no se van (ni en los veintes, ni en los treintas… ya les platicaré en unos años sobre los cuarentas). Pero además de lo que el resto del mundo tiene que pasar en la segunda década, como gay, vienen algunos extras.

Y es que además de terminar de estudiar y empezar a ponerse el uniforme de abejita trabajadora feliz (…), ser LGBT y tener veintitantos puede llegar a tener más drama que Los Miserables. Por un lado, tenemos la energía y el tiempo que en los treintas ya no disfrutamos tanto (créanme), pero por el otro, en la mayoría de los casos seguimos dependiendo de nuestros padres, de su cartera, de sus reglas y hasta de su humor. Pero al no ser heterosexual, llega además la responsabilidad de saber qué hacer con nuestra sexualidad, algo que tenemos que aprender a prueba y error (no digo que los heterosexuales la tengan tan fácil, pero al menos a ellos sí les dijeron mucho al respecto los libros de texto). Así, hoy les traemos las 10 situaciones gay que muchos de nosotros tuvimos que encarar en esta linda década.

Salir del closet con amigos de la universidad

Muchos tuvimos que dar este paso al final de la adolescencia, o durante la universidad, y también para muchos fue muy difícil en su momento. Generalmente empezamos a hacerlo con amigos muy cercanos, y de preferencia, que ya hayan demostrado no tener problema con la comunidad LGBT+ o que incluso pertenecen a ella. Y bueno, en bastantes casos los sentábamos para contarles todo con calma, les hicimos el preámbulo del helado de vainilla y el de chocolate, y generalmente terminó con abrazos. Claro que hay quien prefiere hacerlo público durante la presentación el primer día de clase del semestre y ahorrarse largas explicaciones individuales con tanta gente. Pero también vamos descubriendo que, poco a poco, salir del clóset con la gente se va haciendo más natural, orgánico y a veces hasta aburrido y tedioso.

Hacer lo mismo con familia cercana

La familia es otra cosa, sobre todo si se enteran por accidente (como descubrirnos besándonos con nuestro compañero de clase) o la información les llega por otra fuente (como cuando el ex ardido escupe la sopa por venganza… ah, qué tiempos). Al tratarse de la gente que más nos ha amado durante toda nuestra vida, y a la que (ojalá) seguiremos teniendo hasta el final, no es un paso fácil. Usualmente termina en largas conversaciones y lágrimas, a veces de amor y felicidad, a veces, desafortunadamente, de tristeza, y otras de coraje. Pero muchos sabemos que es un paso que tenemos que dar porque los amamos y queremos que sean parte de nuestra vida como es realmente, y aunque en ocasiones les lleva tiempo (y terapia, y discusiones, y gritos), ya cada vez son más los casos en los que, tarde o temprano, se llega a la paz.

La cartera

Los millennials somos la generación que se enfrentará a una situación económica muy difícil en todo el mundo (gracias, baby-boomers), y la situación no parece mejorar para las generaciones que vienen. En comparación, nuestros padres encontraron, a pesar de las crisis económicas en toda América Latina del siglo pasado, no solamente la forma de aterrizar en un trabajo estable y vivir más tranquilos que nosotros, sino también para retirarse. Pero quienes leen estas palabras son o conocen a mucha gente que opta por el trabajo freelance, o son ninis, o han luchado mucho por levantar un negocio; y mucha gente sigue dependiendo en ciertas formas de sus padres a pesar de haberse graduado hace ya varios años. Por eso, en nuestros veintes nos las ingeniamos para estirar cada billete y moneda, pero como es natural para cualquiera que tenga esta edad, para divertirnos, para vivir, para publicar captions con #yolo, para viajar; pero no debemos olvidar la importancia de ahorrar.

Las graduaciones

¡Uno de los mejores puntos de los veintes, por mucho! Por fin llega el día (ingenuamente, sin saber los que nos espera) de firmar el papel que nos extiende el rector, tomarse la foto de generación, ponerse el anillo (de graduación), correr a la fiesta, y mandar al carajo las tareas y los exámenes para siempre (o al menos hasta el posgrado). Entonces nos ponemos guapos, nos perfumamos, estrenamos zapatos y corremos a la recepción que el comité organizó ardua y voluntariamente durante meses. Vaya, la fiesta de graduación nunca está completa sin el grupito de niñas que se mandó hacer sus vestidos con colores asignados. Vamos con la familia (que sigue asimilando un poco el balde de agua fría, pero al final contenta), cenamos deli, bailamos hasta quedar empapados, cantamos hasta quedarnos sin voz, y brindamos hasta que sale el sol con amigos que nos quieren como somos. Con los años, sólo quedarán unos cuantos, pero serán los mejores, y vendrán más.

Empezar a informarnos sobre lo que es no ser heterosexual

Volviendo a la introducción, ser LGBT+ no es algo que se discuta generalmente en un salón de clase, o en el cumpleaños de la tía. Muchos tuvimos que activamente buscar información que nos aclarara qué era eso que sentíamos y que la mayoría no se imagina y hasta ve raro. Nuestras fuentes eran las revistas digitales e impresas, algunos sitios médicos y psicológicos web, uno que otro documental, y (quizá la fuente más confiable) alguien como nosotros ya con un poco más de experiencia, un buen amigo o alguien con quien saliéramos. Como Sam Worthington en Avatar, tuvimos que experimentar cualitativamente y meternos al ojo del huracán para aprender en carne propia lo que es ser LGBT+. En antros, en bares, en fiestas, en marchas… poco a poco nos fuimos abriendo los ojos y expandiendo las alas, y a eso voy:

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Explorar antros y fiestas

Con la mayoría de edad, llega la hora de sacar la identificación en la entrada, y vivir un mundo de luces neón, bocinas retumbantes, tragos diluidos, miradas coquetas y primeros besos. Desde el principio nos damos cuenta de que los antros y fiestas “de ambiente” nada tienen que ver con las pedas caseras de la prepa. Reconocemos caras familiares al ir al mismo lugar cada dos semanas: la posona, la musculoca, el modelito popular, el mirrey, el dealer, el cliente consentido del dealer, el princeso, el RP al que hay que invitarle un shot, el bartender que nos gusta, el bartender que sí sabe hacer bien los tragos… Le echamos ganas a la hora de escoger la ropa por si esta noche sí nos encontramos al amor de nuestras vidas (*suspira con cara de lástima*), y más si sabemos que nuestro ex va a ir al cumple (*suspira con cara de flojera*). En estos espacios que nosotros hemos creado para nosotros mismos nos sentimos liberados, en un lugar al cual pertenecemos, y en el cual ya nos vale todo.

La primera marcha

Como La Meca, todos tenemos que ir al menos una vez en la vida. Después de los rumores, de los malos reportajes, y de las quejas de los padrinos en la comida familiar sobre “esos maricones”, nos armamos de valor, juntamos nuestra pequeña comitiva de amigos, y corremos al centro de la ciudad, donde ya desde hace algunos años la comunidad se une para celebrar lo que ha alcanzado, para exigir lo que falta y para que la sociedad nos mire. Para muchos, nuestra primera marcha nos abrió los ojos, ya que estábamos recién salidos o apenas saliendo del clóset, y de repente encontrarnos en este mar de banderas multicolores, de gente como nosotros gritando con pancartas en las manos, bailando, besándose y divirtiéndose, es simplemente fantástico.

El apogeo sexual

No hay edad para el sexo como los veintes, ya que antes apenas descubríamos tímidamente muchas cosas, pero después la energía y el deseo ya no son tan explosivos. Es la edad perfecta para coquetear, besar, fajar, mamar y coger a diestra y siniestra. Puede ser con una persona durante años, puede ser con varias cada semana, todo se vale. Es la edad de descubrir lo que nos gusta y cómo nos gusta, de jalárnosla entre cada comida si se nos pega la gana, de comprarnos los primeros juguetes sexuales y ropa interior sexy. No digo que todo esto no siga aplicando después, pero subirse a la montaña rusa o comer seis tacos un viernes a las 5 am saliendo del antro a los 26 no es lo mismo que a los 41 en la mayoría de los casos.

La primera prueba de infección sexual

Y bueno, ya que salió el tema, también hay que hablar del otro lado de la moneda. Tener tanto sexo con tantas personas como queramos no tiene absolutamente nada de malo. Pero de igual forma tenemos que estar conscientes de que si decidimos hacerlo sin condón, con diferentes personas, y sobre todo siendo pasivos, aumentan los riesgos de llevarnos sorpresas desagradables en la oficina del doctor. Y también tenemos que saber que podemos infectarnos de algunas cosas aunque seamos activos, aunque no haya penetración, o aunque solamente tengamos sexo una vez con una persona. No quiero asustar a nadie ni tachar nada, ya que no se trata de ser abstemios hasta la muerte. El punto es ser tan cuidadosos y responsables como nos sea posible, acostumbrarnos a usar condones y lubricantes de buena calidad, reconocer cuando se rompa, y cuidar a nuestras parejas.

Definirnos

Con nosotros y con los demás. En nuestros veintes empezamos a darle forma a nuestra orientación e identidad sexual y a  nuestra vida de activista como cada quien quiera. Si lo deseamos, podemos explorar con un hombre un día, con una mujer al otro, luego con uno de cada uno al mismo tiempo, luego con más de un hombre, y al final con más de una chica. Podemos sentar las bases para formar la familia que se nos antoje. También tenemos la posibilidad de usar pantalones, falda, maquillaje, cabello largo o corto, barba, tacones, corbata, sombreros y todo lo que se nos ocurra cuando y donde queramos, ya que nada de esto tiene un género. Podemos ponernos la etiqueta que queramos, o declararle la guerra a todas las etiquetas. Podemos protestar frente a la embajada de Rusia, votar por el candidato que nos protegerá, o escribir en un sitio web sobre todo esto. Lo mejor, es que a nadie le debe importar a quién nos llevamos a la cama, qué nos ponemos, o cómo apoyamos nuestras causas.

Tener veintitantos fue maravilloso, ya que aunque claro que hubo momentos difíciles, comenzar la madurez personal, profesional, emocional y sexual fue una gran aventura. Con ventajas y desventajas, extraño mis veinte, así que

si ustedes están por llegar a ellos, abróchense el cinturón porque correrán a mil por hora; si están en sus veintes, disfruten cada risa, cada fiesta y cada beso; y si ya se les fueron, únanse a mi club, recodémoslos con cariño, y agradezcámosles por hacernos las personas que somos hoy.

Y tú ¿qué opinas?

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Internacionalista egresado del ITESM CCM, y Maestro por Investigación en Medios, Comunicación y Cultura por la Universidad del Sur de Gales, este chico ha concentrado su formación académica y profesional en la difusión cultural global, y las relaciones, los medios y la comunicación internacional. A través de su pluma virtual trata de informar a la comunidad y a la sociedad para eliminar tabúes. Odia las mañanas, pero ama a los perros, y se da por bien servido si al menos a una persona le alegra el día, la hace reflexionar, o le dice algo que no sabía y que encuentra bello o útil.