Analizar la economía de cualquier país, pero más si se trata de México (con un PIB de más de un billón de dólares, 2016), no es cosa fácil. Muchas cosas la afectan, desde las importaciones y las exportaciones hasta las actividades ilegales; y todo esto cambia cada día, entonces predecirlos y controlarlos es casi imposible. Pero claro que hay tendencias que el gobierno, las empresas y cada uno de nosotros debemos conocer para que todos crezcamos juntos.

Uno de estos elementos son los variados grupos de personas. Al dinero lo mueven de forma distinta diferentes grupos de edades, diferentes estados y ciudades y diferentes características de cada persona. Y las características que hoy nos interesan son las de los que tenemos una orientación sexual y/o una identidad de género que no son como las de la mayoría.

Empecemos como en la escuela, con “la base de la sociedad”, la familia. Más allá de la orientación sexual y la identidad de género, existen veinte tipos de familias, la tradicional, y muchos tipos diversos que igualmente mueven la economía de un país, ya que pagan impuestos, generan basura y tráfico y consumen bienes servicios; sin importar a quién amen o cuántos sean en cada hogar. Los hogares en México se conforman así (Animal Político, 2015):

  1. 12, 415: hombre con hombre casados sin hijos
  2. 13, 653: hombre con hombre en unión libre sin hijos
  3. 17, 992: hombre con hombre en unión libre con hijos
  4. 42, 576: hombre con hombre casados con hijos
  5. 15, 123: mujer con mujer casadas sin hijos
  6. 18, 247: mujer con mujer en unión libre sin hijos
  7. 37, 887: mujer con mujer en unión libre con hijos
  8. 58, 026: mujer con mujer casadas con hijos
  9. 47, 075: compañeros de casa que viven con niños
  10. 239, 512: compañeros de casa que viven sin niños
  11. 1, 766, 465: hombre solo
  12. 491, 850: hombre que vive con niños
  13. 1, 454, 070: mujer sola
  14. 2, 889, 839: mujer que vive con niños
  15. 995, 245: mujer y hombre en unión libre sin niños
  16. 2, 799, 438: mujer y hombre casados sin niños
  17. 4, 424, 610: mujer y hombre en unión libre con niños
  18. 12, 795, 353: mujer y hombre casados con niños
  19. 1, 193, 255: parientes que viven sin niños
  20. 2, 535, 504: parientes que viven con niños

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También es muy complicado saber cuánta gente LGBT+ hay en proporción con el resto. Hasta hoy, las personas con batas que trabajan en laboratorios y universidades todavía no conocen el porcentaje exacto porque, cuando se hacen investigaciones, algunas personas no son honestas debido a que en su país es ilegal ser LGBT+, o en su ciudad o familia es mal visto, porque ser “completamente” homosexual no es común (pero las cifras suben cuando alguien es bisexual o heterosexual pero que ha tenido o desea tener actos con personas de su mismo sexo) o porque “simplemente” están al informados. Pero hay rangos mundiales que varían entre el 1.5 y el 11% de la población total, y en México, 88% de la población se asume heterosexual, 6 homosexual, 5 bisexual y 1 otro (Profundo, 2017). Entonces si en México somos 127.5 millones de habitantes, quizá hasta 1.38 millones no son heterosexuales.

Pasemos ahora a lo que muchos nos preocupa, el empleo. En este país más del 57% de la gente tiene entre 20 y 64 años, que es el grupo que más trabaja (INEGI), con un desempleo que generalmente está en el 4% (El Financiero). Entonces podemos deducir que en México hay unos 0.74 millones de personas LGBT+ trabajando aproximadamente.

Aquí es donde tenemos que tener mucho cuidado, porque de esas miles de personas, a causa de la ignorancia, el estigma y la falta de iniciativa; sufren discriminación, desigualdad y/o acoso laboral.

Esto, para el empleado, resulta en ausentismo, aislamiento, depresión, estrés, bajo rendimiento, pérdida de amistades, golpe a la autoestima y hasta pensamientos suicidas en casos extremos. Para la empresa significa menos ganancias, desperdicio de recursos y rotación, a causa de hasta un 30% de reducción del involucramiento de los empleados (HRC Equidad MX, 2014). Y ya en general, los costos sociales y gubernamentales por la homofobia laboral han llegado a sumar más de cien mil millones de dólares en el mundo. Esto ya lo han resentido muchos países donde los actos “inmorales” son ilegales, golpeando la economía de regiones sobre todo en el Medio Oriente y en África con cifras millonarias.

Pero las cosas están cambiando para bien en México

Es por esto que ya muchas empresas buscan la normalización de sus empleados LGBT+ a través de estrategias de inclusión, certificándose y compartiendo buenas prácticas. En México hay más de 50 empresas que protegen oficialmente a sus empleados y que buscan talento diverso, este mensaje se replica en sus familias y así la voz se corre, los jóvenes buscan empleo en ellas y preguntan sobre políticas de diversidad antes de empezar a trabajar. Además, los consumidores lo saben y las cifras internas demuestran buenas respuestas y, sobre todo, mayor consumo.

Esto nos lleva a hablar del llamado “dinero rosa”, es decir, el dinero que tienen los LGBT+. Este dinero en general lo relacionamos con las personas llamadas DINKs (double income, no kids, o sea, doble ingreso sin hijos). Aunque ya vimos que hay todo tipo de familias, hablando de LGBT+s notamos una gran mayoría de las personas que no tienen hijos (vivan solas, con pareja, con familiares o compañeros). Así, este sector significa jugosas ganancias para ciertos sectores, como el turismo, los productos de lujo, la gastronomía y la tecnología. En México ya muchas empresas y sectores se han dado cuenta de esto, aprovechando todo lo que puedan de este mercado para ofrecernos paquetes turísticos friendly, campañas cuyo target somos nosotros (como de Tiffany, Marriott, Coca Cola, Doritos, Toyota, McDonald’s, Axe, etc.), o hasta servicios sólo para nosotros, como antros y bares.

La homofobia cuesta, y mucho

De hecho, empresas como Google, American Express, IBM y AT&T han investigado y demostrado que las sociedades más abiertas y diversas crecen, compiten e innovan más. El poder adquisitivo “rosa” lo construimos más de 480 millones de personas en el mundo, acumulando hasta 5 mil millones de dólares, más que el PIB de Alemania, Reino Unido, India o Brasil. Y en México también somos bastante cotizados, porque somos el quinto país en el mundo con LGBT+s registrados y el onceavo con más gastos al año, sobre todo en cine, teatro, salones de belleza y spas (Elle, 2018).

Es por esto que también las autoridades de gobierno nos protegen (no es casualidad que los partidos políticos nos volteen a ver a la hora de buscar nuestro voto). Además de reconocer el matrimonio igualitario en todo el país, y de seguir avanzando en cuestiones de cambio de identidad legal y de adopción, en México instituciones como la CNDH, COPRED y CONAPRED nos guían y ayudan a denunciar casos de discriminación, como un despido injusto por homofobia o un mal trato al consumidor. Y muchas organizaciones de la sociedad civil orientan a empresas en cuestiones de discriminación (como Cuenta Conmigo a Uber).

Ser LGBT+ oficialmente debería solamente tratarse de quién nos gusta o de nuestro género, pero en realidad nos mueve mucho más a nosotros y a quienes nos rodean, como en cuestiones de dinero.

Afecta cuando la empresa en la que trabajamos tiene o no baños sin género, al decidir ser profesionistas independientes, cuando decidimos o no tener hijos, si producimos o consumimos ciertos productos (o evitamos consumir los de una empresa homofóbica), cuando una empresa decide crear una campaña de mercado inclusiva, al comprar algo que no se produce en México diseñado para nosotros, al recibir a una pareja gay y a sus invitados para que se case en una playa mexicana, o cuando el gobierno legaliza el matrimonio (junto con los beneficios y obligaciones que implica) o prohibe discriminar en espacios de trabajo.

Así, la diversidad sexual es algo que nos debe importar a todos, seamos o no LGBT+, y mucho, ya que esto puede beneficiar o perjudicar la economía de un país como México en millones de dólares cada año. ¿Qué piensan?