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El día que decidí salir del armario fue en medio de una discusión familiar, lo solté sin más. Minutos después, papá y mamá me llamaron a su habitación.

Tenía apenas 16 años cuando al final de una discusión familiar dije sin más: ”Sí, soy gay”. Qué fácil suena leer esto en un párrafo, y lo es, decirlo ahora es mucho más fácil que lo que vino después, y que hasta ahora sé.

Homosensual: soy Jean y soy gay. Y para escribir esto tuve que acercarme a mi mamá y preguntarle sobre lo que ocurría en su mente cuando le compartí mi orientación sexual. Si bien me acepta, sobre este tema no se había hablado hasta ahora, lo que me contó hoy me tiene con la piel erizada y un nudo en la garganta.

Lily, como suelo llamar a mamá, empezó nuestra conversación confesando que no fue fácil  reaccionar ante lo que yo acababa de decir.

Me habías dicho algo sobre lo que he vivido en mi familia y con amigos, parecía no ser nuevo para mí. Pero esta vez era diferente. Me invadió el miedo como mamá, miedo a que mi hijo fuera lastimado por una sociedad ignorante en donde tu propio entorno toca el tema de manera superficial.

Yo, como adolescente, esperaba que mi entorno me entendiera de inmediato. Me limité en solo pensar en mi confusión sobre lo que seguía después de aceptarme como homosexual. Nunca me acerqué a ella, mi mamá, para hablar sobre el tema.

Cuando me contaste lo que eras reflexioné sobre mi vida. Me dio temor pensar en ya no estar con ustedes y no saber qué pasaría contigo. Eras muy joven para enfrentar las burlas y el rechazo, las ofensas. Mucha gente te cuestiona como padre o madre la conducta de tus hijos.

Lily me contó sobre los comentarios que escuchaba de gente con hijos LGBT+.

Sí se trata de una chica preguntan: “¿Qué educación le diste o qué te vio hacer?”. Si se trata de un varón, preguntan: “¿Y su padre? ¿No habló con él? ¿Por qué no lo lleva a lugares con mujeres?”.

Confieso el nudo en mi garganta. Por sorpresivo que parezca, es la primera vez que sé lo que ella pensaba y con lo que vivió al saber parte de lo que soy.

En mi vida me han pasado muchas cosas que me lastimaron, y solo pude refugiarme en mí. Aprendí a enfrentar las cosas sola. Leí y busqué información sobre la homosexualidad. En ocasiones careces de amigos con quién hablar de esto. El proceso fue duro al saber cuánta ignorancia existía y existe, el odio y la homofobia hacia algo con lo que naces.

Sobre el qué ocurrió con mi demás familia, me compartió que quiso poner una especie de ‘escudo’, intentando protegerme de cualquier tipo de comentario que me pudiera herir.

Les hice saber que mi hijo era gay y que no permitiría que nada ni nadie lo lastimara. Muchos refirieron respeto y amor incondicional, otros sorpresa, otros ignorancia. No me sorprende, tenemos mucha familia que, a diferencia tuya, muchos de ellos siguen ocultos en el “qué dirán”.

Yo no conocía qué o quién la ayudó a entender que esto no era una enfermedad. Cegado en mi actitud de adolescente, esperaba que solo me aceptara y ya, sin entender que ella también tenía que luchar con sus propios fantasmas; fantasmas impuestos por una sociedad que durante mucho tiempo catalogó a los homosexuales como enfermos, impuros o simplemente como algo que estaba mal, que no era natural.

Mi mamá nunca ha conocido a ninguna de mis parejas. Siempre he tenido en mente que presentaré a quien crea valga totalmente la pena. En esta conversación, me confesó que desea conocer a alguien que me haga feliz.

Quiero conocer a quien te hace feliz. Quiero que, sin miedo, te sientas orgulloso de lo que eres y sientes. Somos una familia relativamente pequeña, pero quiero que sepas que siempre estaremos ahí. Siempre me tendrás para oírte, aconsejarte y compartir los momentos al lado de tu pareja. No necesitas la aceptación de nadie.

La plática fue larga. Cuando terminé de hablar sobre esto con mi mamá sentí una sensación de alivio y vacío a la vez. Nunca un abrazo como el que nos dimos después de ese momento se sintió tan cálido y reconfortante.

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Nosotros, como LGBT+, solemos pasarlo mal dentro del clóset, pero como madre o padre no es nada fácil también. A la distancia lo veo y recuerdo el trabajo que me costó aceptar que amaba diferente; no imagino ella.

Homosensual, hoy rompo completo el armario, aquel rincón oscurísimo ya no es un refugio para mí.

Así termino mi Coming Out Day, enterándome que, a pesar de las circunstancias, mamá siempre estuvo y estará ahí para tenderme la mano.

Homosensual, ¿cómo fue tu salida del armario? Quiero leerte.