Que las mujeres manejan mal, que un perro viejo no puede aprender un truco nuevo, que los mexicanos somos flojos, que las rubias son tontas, que los hombres no lloran… hay muchos clichés en este mundo que no solamente son molestos, además son dañinos, y los LGBT+ lo sabemos mejor que nadie.

Un cliché es un estereotipo, una idea sobreusada aceptada comúnmente sobre un grupo, la cual suele ser limitante e incorrecta. Desafortunadamente, en este mundo regido con normas creadas por una mayoría heterosexual, los que no lo somos solemos sufrir las consecuencias. Esto se debe generalmente a la ignorancia, pero también a la obstinación de algunas personas por recibir información para eliminar estos clichés. Y estos son los que más nos molestan:

El rosa es para las niñas y el azul para los niños

No solamente hablo de colores. Aunque ya se los hemos dicho, se los vamos a repetir hasta el hartazgo, la base de los clichés y los estereotipos dañinos es el machismo que asigna roles y comportamientos azules y rosas a los hombres y a las mujeres, o mejor dicho, a los genitales con los cuales nos tocó nacer. La ropa no tiene género, las tareas del hogar no tienen género, el trabajo no tiene género y el amor menos. Si queremos borrar los clichés, hay que empezar enseñando a los niños a que el machismo es una plaga social, que la diversidad sexual existe, y que no tiene nada de malo.

Los hombres gay somos femeninos

Aunque claro que hay hombres gay femeninos (lo que la sociedad y la cultura definen como femenino), también los hay masculinos (ídem). Igual hay lesbianas masculinas y femeninas, y hombres y mujeres heterosexuales más masculinos o femeninos que sus semejantes. Ser femenino o masculino no es algo que sea fácil de controlar, disimular o reprimir (aunque claro que algunos excelentes actores permanecen en el clóset por décadas, casándose, teniendo hijos y complaciendo los estándares sociales). Las terapias de conversión no funcionan, y quien diga que sí, en el fondo sabe que no es cierto. Rezar tampoco transforma mágicamente la orientación sexual. Si los amanerados pudieran controlar sus gestos, el tono de su voz o su personalidad, muchos lo harían para evitar todo el bullying que han vivido durante tanto tiempo. El que es femenino, nació femenino, pero no todos los hombres gay lo son, ni lo son exageradamente.

Los deportes de contacto contra las bellas artes

Siguiendo esta línea, mucha gente todavía, incluso dentro de la misma población LGBT+, jura que los hombres gay no nacimos para los deportes de contacto y que el ballet es nuestra razón de vida. Igualmente piensan que las lesbianas odian los musicales y aman el football. Aunque claro que es el caso de algunos, incluyéndome, yo conozco a mucha gente en el caso completamente opuesto, incluyendo a equipos de football de hombres gay, lesbianas que no toleran los deportes de contacto, hombres gay que no podrían girar una vez sobre la pista de baile ni aunque su vida dependiera de ello, y otros que podrían ser torturados con cinco minutos de Cats o Les Mis. No olvidemos Gareth Thomas, jugador de rugby profesional, gay y galés, a Jason Collins, jugador de basketball profesional, gay y norteamericano, y a Robbie Rogers, jugador de football profesional, también gay y norteamericano.

El VIH es la condena de nuestra comunidad

Para comenzar, el VIH no discrimina, cualquiera puede adquirirlo en cualquier momento, desde el gay más promiscuo hasta el ama de casa que solamente ha tenido sexo con su marido en toda su vida contadas veces al año. Es cierto que entre hombres homosexuales (sobre todo pasivos) y mujeres trans (que desafortunadamente no suelen tener de otra más que de dedicarse al trabajo sexual) la incidencia es mayor, pero esto no nos hace necesariamente más vulnerables, ni a los heterosexuales menos. Segundo, el VIH ya no tiene por qué afectar la vida de un portador como hace treinta años. Los retrovirales son hoy mucho más efectivos y tienen menos efectos secundarios, y una persona VIH+ puede llevar una vida perfectamente normal (incluyendo una vida sexual activa) durante décadas si detecta el virus a tiempo, se trata y cuida.

Una persona trans debe verse como el sexo opuesto

Ser transgénero implica simplemente no identificarse con el cuerpo con el que se nació, y sí hacerlo con lo que la sociedad y la cultura define como el género opuesto. Esto no quiere decir que una persona trans DEBA adoptar la imagen del género opuesto con ropa, maquillaje, zapatos y cortes de cabello, ni que deba operarse o consumir hormonas. Si una persona se asume transgénero, es transgénero. Las personas transexuales sí han llevado a cabo una transición, pero eso es otra cosa. Una persona transgénero a veces no desea o puede modificar su cuerpo permanentemente, o no le es posible adoptar actitudes y comportamientos del sexo opuesto debido quizá a que su familia o las leyes de su país no lo permiten, pero eso no la hace menos transgénero.

En las relaciones homosexuales, una persona es el hombre y la otra la mujer

Desde actitudes hasta roles en la cama. A pesar de que a mí jamás me han hecho esta pregunta (probablemente porque me he sabido rodear de seres pensantes, pero también quizá porque lo asumen o les da pena preguntar), entiendo que es algo que frecuentemente se les cuestiona a las parejas del mismo sexo, y junto con ellas, claro que también me indignaría si me lo preguntaran. La respuesta es, que no hay un hombre y una mujer, hay dos hombres o dos mujeres y punto. Cuando la gente siente curiosidad sobre comportamientos estereotípicamente femeninos y masculinos (como quién gana más en el trabajo o quién cocina), regresamos a puntos anteriores: nada de esto es exclusivo de un género. Si entonces sienten curiosidad por quién recibe y quién da en el sexo, la respuesta es: eso les importa lo mismo que a nosotros lo que ellos hagan con sus relaciones sexuales.

Los trans son homosexuales

Algo más que hay que seguir aclarando constantemente es la diferencia entre orientación sexual e identidad de género, dos aspectos de nuestra personalidad que nada tienen que ver entre ellos. La primera se refiere a las personas por las cuales sentimos atracción física y romántica, pueden ser hombres, mujeres, ambos (bisexuales), hombres trans, mujeres trans y todas las anteriores (pansexuales) o ninguna de las anteriores (asexuales). La segunda es cómo nos identificamos biológica, social y culturalmente, como hombres, como mujeres, como ambos, como ninguno, en fin. Así, una persona trans (igual que una persona que no lo es) puede ser heterosexual, homosexual, bisexual, pansexual, asexual, etc.

Los bisexuales están confundidos

Una persona bisexual siente atracción por hombres y mujeres. Puede sentir más atracción por hombres o por mujeres. Puede también haberse enamorado solamente de hombres y nunca de mujeres. Puede haber estado más con mujeres que con hombres. Y SIEMPRE VA A SEGUIR SIENDO BISEXUAL. Esto no significa que no sepa qué le gusta, todo lo contrario, sabe muy bien que le gustan tanto los hombres como las mujeres. Es cierto que algunos homosexuales hemos (porque me incluyo) pasado por un período de transición bisexual, de la heterosexual a la homosexualidad. Esto nos ha pasado a muchos por el hecho de estar mal informados desde pequeños sobre la diversidad sexual, por imponernos mensajes constantemente de que debemos sentir atracción por el sexo opuesto, y quizá por haber confundido el cariño que llegamos a sentir por un amigo o amiga con la atracción romántica y sexual que todavía no habíamos experimentado por nadie. Sin embargo, esta transición la vivimos unos cuantos, suele durar muy poco, y es diferente a la bisexualidad real.

Las drag queens son trans

Algo más que debe quedar bien claro es que las personas trans viven o desean vivir todo el día todos los días asumiendo el rol del sexo con el cual no nacieron. Las drag queens son hombres que se visten de mujer, pero que no necesariamente son trans. Si se visten de mujer, es porque es su trabajo, no porque no se identifiquen con el sexo con el cual nacieron. Igual que un dentista se pone su bata para trabajar, o un actor se viste de un animal, o un deportista usa su uniforme del equipo, una drag queen usa pelucas, ropa, zapatos y maquillaje (generalmente en exceso) para entretener y ganarse el pan.

Los LGBT+ son promiscuos

Sobre todo los hombres homosexuales. Esto también es un cliché porque, aunque claro que los hay (incluyendo amigos míos y yo mismo he de aceptar que he tenido temporadas muy entretenidas), también sé de primera mano, no solamente que un buen porcentaje de los hombres homosexuales no tienen muchos más encuentros sexuales que la gente heterosexual que nos rodea, sino que además también hay algunos con muy poco deseo sexual y asexuales. También se suele relacionar a las mujeres trans con la promiscuidad ya que muchas de ellas se dedican al trabajo sexual. No obstante, esto es porque la sociedad las ha orillado a trabajar en este rubro, al no encontrar oportunidades en otros. Como resultado, también se nos suele relacionar con enfermedades venéreas, pero como ya expliqué, éstas no discriminan, cualquiera puede adquirir alguna en cualquier momento, y muchos LGBT+ están sanos, se informan, se cuidan y se hacen más pruebas que muchos heterosexuales.

El sexo, el género, la sexualidad, la orientación sexual, la preferencia sexual y la identidad cada día se ven más como un espectro, un cúmulo de tonos de grises y colores. A aquellos que no quieran entender que hay más que el blanco y el negro les espera un mundo muy confuso. Por eso creemos que lo mejor es aceptar que todos somos diferentes, que cada persona es única, que las etiquetas a veces sirven apara entender algunas cosas pero no siempre se puede aplicar en todo.

Ayudemos todos a borrar estos clichés, y que esta reflexión nos sirva para entender también que las rastas no nos hacen hippies, que la ropa vintage no nos hace hipsters, que los tatuajes no nos convierten en vándalos, que la edad no nos limita físicamente y tantas cosas más que cierran las puertas del mundo. No dejen de compartir con quien crean que necesita esta información, todos se los vamos a agradecer.

Y tú ¿qué opinas?