Fotograma: Cuatro Lunas (2014)

No se trata de literatura, ni de poesía, ni de pintura y ni siquiera de música. Hablemos de esa cultura que se hace con el día a día, que se construye en los lugares más insospechados de nuestro país. En las sombras, en los lugares de encuentro Hablemos de “los mayates”

Si nos vamos al Diccionario de la Real Academia Española, encontraremos una definición muy poco acertada para esta palabra que para muchos es despectiva y para otros se ha convertido en una bandera de identidad que les permite explorar su sexualidad.

Pero primero hablemos del origen de la palabra, cuyo nombre originalmente define a una especie de escarabajo que reciclan materia fecal…

mayate

Del náhuatl mayatl.

1. m. Hond. y Méx. Escarabajo de distintos colores y de vuelo regular.

Imagen: Cultura Colectiva

Esta palabra se asocia a los hombres que ejercen un rol activo en una relación sexual con otro hombre y seguramente ya habrán hecho la relación de porqué a alguien se le ocurrió nombrar de esta forma despectiva a algunos hombres que tienen prácticas sexuales homosexuales. Por ello, la RAE incluye también en su diccionario esta segunda definición:

2. m. coloq. Méx. Hombre homosexual.

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Y de hecho, sí. Aunque muchos hombres homosexuales activos son llamados mayates o se autodenominan de esta forma, también hay otros que no saben que son mayates o que lo saben pero no, no son hombres homosexuales.

Siéntese y aprenda, señora Real Academia Española…

Repitan después de mí: Nadie tiene derecho a definir la sexualidad de otra persona.

Una vez más: NADIE tiene derecho a definir la sexualidad de OTRA PERSONA.

¡Más fuerte!: NADIE TIENE DERECHO A DEFINIR LA SEXUALIDAD DE OTRA PERSONA.

La palabra mayate fue designada por personas ajenas y pertenecientes a la comunidad gay para hablar de aquellos hombres que se definen e identifican como heterosexuales, que de hecho podríamos definirlos como hombres varoniles, discretos que ejercen prácticas sexuales con otros hombres y que no necesariamente son gays.

Ahora, hagamos un par de aclaraciones:

  1. Puede que sí sean gays o bisexuales pero hayan decidido no salir del clóset por cualquier motivo. Y no, nadie tiene derecho a decir: “Ay pues son gays, ya que se dejen de m…”
  2. Puede que lo hagan por dinero o porque disfrutan del sexo anal.
  3. Cualquiera que sea la razón, si ellos se identifican como heterosexuales, nadie tiene derecho a definir su sexualidad.

Los mayates siempre han existido. Y usamos esta palabra no de forma despectiva sino porque se ha convertido en casi un código para los lugares de encuentro, para los encuentros casuales e incluso ha sido adoptado por aquellos hombres que son trabajadores sexuales.

En el ambiente gay en México, muchos saben qué es un mayate y muchos se saben mayates. Esta parte de nuestra cultura es la que construye la identidad sexual y transgrede las etiquetas de una forma tan tajante que derriba prejuicios y etiquetas innecesarias. Y aunque casi ningún hombre heterosexual que haya tenido relaciones sexuales con otro hombre se defina así mismo como tal, para los LGBTI+ representan esa parte jocosa de nuestra cultura y también esa libertad que de a poco se construye: la de que cada persona explore su sexualidad como le de la gana y no tenga que salir a ondear una bandera para que alguien entienda porqué tiene sexo con hombres o mujeres.

Y al final, de eso se trata la diversidad: de saber que hay muchas manifestaciones de la sexualidad y que no necesitamos nombrarlas todos, sino abrazarlas y reconocer que existen aunque no las entendamos.