Hola, soy Fer y soy adicto a los hombres de ojos claros… Hasta los de pupilentes. *Se esconde entres sus palmas llorando y nadie saluda de regreso.*
Hola, soy Fer y soy adicto a los hombres de ojos claros… Hasta los de pupilentes. *Se esconde entres sus palmas llorando y nadie saluda de regreso.*

Hola, soy Fer y soy adicto a los chacales hombres de ojos claros… Hasta los de pupilentes. *Se esconde entres sus palmas llorando y nadie saluda de regreso.*

Como estar en un bello proceso de AA, mi camino para dejar un fetiche mortal ha sido largo, tormentoso y variado, sin mencionar las contadas, pero increíblemente memorables y fuertes recaídas. Pensé que sería difícil encontrar un grupo de apoyo, tal vez posteando algo en internet y haciendo contacto con algunas otras regiones del mundo, con otros pocos especímenes que comparten mi enferma psique y suponiendo que en la tremenda escases de colegas unidos en la depresión por esta adicción, debería compartir el cuarto de un grupo virtual con los vegano recalcitrantes que aman el brócoli, pero odian las coles de Bruselas.

Mi sorpresa fue inmensa además de grata cuando descubrí que es algo de lo más común, no por el hecho de compartir el gusto por un sector específico de hombres que sudan la patanería a kilómetros y un factor genético recesivo en la descomposición cromática de sus pupilas, pero en el poder compartir el eterno gusto por la autodestrucción y saber que viene en maneras variadas y nocivas para todos, así que mi grupo de apoyo se convirtió en… Bueno, cualquier reunión de amigos.

En una muy honda investigación que se lleva a cabo entre un sinfín de elixires etílicos y quejas compartidas sobre relaciones sexuales, afectivas, sentimentales, mortales y demás, entendí que Freud y su pulsión de muerte (o pueden escoger la versión más actual o complicada o padre de lo que quieran en psicología del hombre) eran más latentes de lo que pude imaginar y no era tanto un consuelo saber que todos tenemos un némesis en nuestra existencia, alguien que sabe dónde oprimir los botones y tirar de los hilos del títere para hacerlo bailar, a veces de manera sensual, cadenciosa y sin ropa, y en lo que espero nunca sea liberado al ojo público. Estas personas dominan como manipular a otros que por alguna u otra razón tienen un completo descontrol ante sus deseos y deliciosas, dulces depravaciones…

¿! Cómo rayos lo logran y cómo carajos se cura uno de su influencia!?

¡No se engañen! Obviamente si tuviera la respuesta ya tendría un canal de TV abierta en Gringolandia, miles de libros, videos y productos, y hubiera salido con Oprah o de menos con Martha Debayle (te amamos, Martha). No, no le manejo el remedio mágico, casero #Homosensual curador, pero puedo regalar un poquito de esas cosas que aprendí de la experiencia y lograron hacer más esporádicas y contadas mis recaídas.

Lo primero es reconocer y aceptar que tienes un problema bien duro con una parte de tú autoestima que busca desesperadamente un bello placer autodestructivo, que legitime que si eres feo, gordo, inútil, no tan bueno, no suficiente, no tan inteligente, intenso, encimoso, blah, blah, blah, inserte su pedo aquí hora. Ya sé, alguien me mentará la madre y me dirá “Si supiera eso no estaría leyéndote imbécil” o un “!Duh! Eso ya lo sé”, pero bueno, reconoce cuál es tu problema antes que nada.

Para poder reconocerlo, hay que dejar de tenerle miedo a esa hermosa parte de tu persona que quieres dejar tapada bajo el concreto y por un edificio de varios pisos con sistema de alarma lanza granadas. Tranquilo, todos tenemos un monstruo igual, todos llevamos un pequeño vía crucis personal que parecería ser lo más oscuro, enfermo y depravado o penoso del universo, pero te juro que si está en internet es porque hay muchisisisísima gente igual que tú y puedes conseguir apoyo en caso de que de verdad fuera algo tétrico, aunque aprendí yendo a terapia…

Sí, me refiero a esas juntas con ginebra y amigos donde todos compartimos nuestro peor momento entre copas y debes saber que los secretos que imaginas como terribles, son más comunes y compartidos de lo que puedes pensar (absténgase de buscar los míos en Google, no están ahí, al menos no aún).

Segundo, y es el último consejo pues insisto en no saber la solución aún, por más que le rezo a cuanta deidad hay, cual humilde mujer ciegamente devota con estampa y velo de color negro en la misa de 8 de este domingo.

Estar solo no es algo tan horrible como parece.

amazing-beard-beautiful-beauty-Favim.com-1288646Sí, esa es la sabiduría milenaria que en tu mente suena de lo más básico que has leído y en donde decides buscar mi contacto para decirme retrasado mental poco talentoso. Rezumba con la importancia de aquel que conoce los números ganadores del melate, la lotería o juego de azar para ganar los millones de su elección.
En el afán más puro de buscar llenar los pequeños grandes vacíos de tu vida con los deliciosos y mundanos placeres que ofrecen los hombres de ojos claros, al menos en mi particular y adquirido gusto, digo caso, vas conociendo que a veces dormir solito en la inmensa oscuridad de tu espacio ocupado únicamente por ti, no es taaan malo como pensabas comparado con lo que viene después de las últimas veces que tu fetiche mortal se ha tomado la libertad de hacerse cargo de tus decisiones.
Si combinas ambas cosas logras ver importantes y drásticos rasgos personales sobre los cuales trabajar. Por ejemplo, yo nunca me considere guapo o lo suficientemente brillante como para que un hombre increíblemente guapo se fijara en mí, en especial aquellos de pelo oscuro y ojos claros (mi debilidad personal), así que me decidí a conseguir su versión más alcanzable en los hombres de ojos claros (reitero que inclusive pasé por los de pupilentes) y castigaba esa linda falta de valor tomando por cruzada personal a los más patanes, a esos que se les veía la incapacidad para relacionarse mezclando unos carismáticos tonos sociópatas al paquete como un perfecto ejemplar con el cual relacionarse.

Bueno, esto termina nuestra reunión-terapia del día de hoy, ahora vayan por gin and tonic, mediten con fuerza entre el alcohol y la lectura para poder superar de alguna manera sus fetiches mortales personales.

Yo me iré a recorrer unos bares de mala muerte para ver si algún motociclista golpeador con barba cerrada, tatuajes y ojos verdes tiene ganas de pisotear mi corazón por un par de noches.