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La sexualidad humana es tan diversa y rica en matices que no se reduce al gusto por lo que atraiga a la mayoría.

En los últimos tiempos han tomado lugar un montón de términos que describen con mayor precisión los varios pliegues en los que se divide nuestra sexualidad. Últimamente ha surgido una palabrita que ha levantado polémica en durante la hora de la comida (claro, en una mesa donde no se come carne). Hablamos de la vegasexualidad.

La vegasexualidad la conforman los veganos con una orientación e identidad definida o fluida (desde heterosexuales hasta intersexuales) cuya principal objeción a la hora de tener sexo radica en el rechazo a personas carnívoras. Esto no solo se trata de convicción, sino que tiene un motivo importante para ellos.

Si ellos aceptan intimar con un carnívoro creen que pueden contaminarse de bacterias propias de la carne animal a través de los fluidos del carnívoro, en el que existen proteínas de origen animal.

Si bien la vegasexualidad no tiene un fundamento científico, se trata de un asunto de principios, de no traicionarse ni contravenirse. Puede haber mucha gente que considere que estas prácticas limitan las posibilidades de interactuar con más personas, o aun, que se trata de una postura radical y excesiva. Lo cierto es que se trata de una decisión que únicamente deben tomar los veganos, y nadie más.

Cabe preguntarnos ahora si realmente existe la posibilidad de que el vegano contraiga algún tipo de contagio por bacterias de origen animal a través de los fluidos de una persona carnívora.

Ignacio San Segundo, bioquímico clínico, asegura que en realidad los fluidos entre uno y otro son los mismos. Nada cambia.

Puede ser que la saliva contenga partículas animales, pero el resto de fluidos, como el sudor u otras secreciones, son desechos de elementos ya procesados y reconvertidos en los que esas proteínas han desaparecido.

El experto admite que cuando los alimentos llegan al estómago sus componentes se transforman químicamente en otros, “exactamente los mismos que los de alguien que se alimenta exclusivamente de producto de origen vegetal”.

Jon Amad, director de la fundación Pro Vegan, opina algo parecido a San Segundo.

Las diferencias de opinión entre las personas pueden hacer que el atractivo sexual se esfume, por eso veo que se trata de algo más ideológico que biológico. Nosotros somos veganos porque estamos en contra de que los animales mueran para servir de alimento, y eso influye en nuestras preferencias amorosas; siempre nos sentiremos más cómodos con alguien que comparta nuestras inquietudes que con alguien que la vea extrañas o exageradas.

Lo que sí es cierto es que los veganos perciben un olor diferente en comparación con las personas que consumen carne o productos de origen animal, por lo que no estarían dispuestos del todo a besar a alguien cuya piel oliera distinto (no mal, no bien, solo distinto).

Somos nosotros los únicos que decidimos quién duerme en nuestro colchón y quién no. De cualquier manera, nos sentimos más cómodos con alguien que comparta nuestras ideas que con quien las crea excéntricas. Y de eso se trata el amor ❤.

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