Mildred Pérez de la Torre

Queridos lectores y lectoras de Homosensual: Les cuento un poquito de mí para que sepan por qué me siento tan honrada de ser parte de este gran equipo como la nueva líder editorial.

Cuando me di cuenta de que había algo diferente en mí, que sentía algo que no era ‘normal’ y que debía ocultar a toda costa, no existía el internet, muchos menos portales LGBTQ+ donde pudiera meterme a buscar alguna respuesta a las tantas preguntas y emociones que me abrumaban. Como sabía que eso que yo sentía estaba ‘mal’, lo evadí. Me comporté como debía, hasta que claro, un buen día pasó lo que tenía que pasar: una amiga se despidió de mí, solo que en lugar de darme un beso en el cachete, me lo dio en la boca. Yo me quedé en shock, primero porque nunca había besado a una chica, y segundo por lo que sentí: el corazón me latía superfuerte; sentí miedo, sentía que no podía respirar. Recuerdo perfecto que me senté en un sillón negro que había en mi casa de aquel entonces y, sin decirlo en voz alta, pensé: «Pues sí: soy bisexual». Antes de ese día no recuerdo haber pensado siquiera en esa palabra o haberla pronunciado, pero el punto es que la conocía —esa palabra, esa etiqueta—, y al autodescribirme así no pude evitar ponerme a llorar. Suena dramático, pero bueno, eran principios de los 90. Aún imperaba la idea de que lo peor que le podía pasar a unos padres de familia era que su hijo o su hija les saliera gay. Mis familias paterna y materna siempre han sido superreligiosas. Mi papá hasta la fecha va todos los domingos a misa y nunca he visto a nadie rezar tanto y con tanta fe como a mis tías. Soy la hermana mayor, «el ejemplo de la familia», por eso, durante muchos años, hice todo lo que pude para no ser quien era. Por supuesto, no pude.

Cuando mi papá se dio cuenta y tuve que decirle la verdad, su primera opción fue enviarme con una psicoanalista para que me quitara eso. Yo era tan closetera que me tardé varias sesiones en siquiera poder hablar del tema. Tuve suerte: caí en las manos de Beatriz Piña Barba, una psicoanalista competente y profesional que desde el inicio me dijo que eso no era algo malo y nunca se me iba a quitar, y no en las de charlatanes que realizan atrocidades como violaciones ‘correctivas’ y las pseudoterapias de conversión, bajo la promesa de hacer lo imposible: modificar la orientación sexual.

Cuando por fin salí del clóset al 100 con mis papás, no fue fácil. Me pasó como a muchos: lo tomaron mal, hubo llanto y días y meses horribles en los que me sentía rechazada o ‘mala’ o qué sé yo. Pero con el tiempo, con paciencia, mucha paciencia, las cosas empezaron a cambiar. Por eso me siento tan honrada de ser la nueva editora de Homosensual. Porque sé lo que se siente descubrir eso y pensar que estás haciendo algo malo. Sé lo que se siente ver a tus papás llorar por haberlos desilusionado. Sé lo que se siente vivir escondida en el fondo del clóset, con un miedo horrible a ser descubierta. Sé lo que es tener miedo a ser juzgada o rechazada. Sé lo que es que amistades te dejen de hablar por tu orientación sexual. Sé lo estresante que es mentirles a tus compañeros de trabajo porque no quieres que sepan que en lugar de novio, tienes novia. Sé lo que es no darle la mano a tu novia por miedo a que alguien les grite «pinches cerdas» o «qué puto asco». Pero también ahora sé lo que es que, después de años, tu papá religioso y aún-un-poquito-homofóbico esté sentado en la primera fila de la presentación de tu primer libro (lésbico, por supuesto). Sé lo que es que tu mamá se vaya de fiesta contigo, tu novia y «tus amigas las lenchas». Sé lo que es recibir un mensaje por Instagram o Facebook de alguien que te agradece por escribir cosas con las que pudo identificarse. Sé lo que es ir a una boda de dos chicas y que todos los asistentes lloren de felicidad porque, en serio, ¿qué diablos importa si el amor es entre hombre y mujer o mujer y mujer u hombre y hombre?

Por último, sé que con el tiempo las cosas mejoran, y que lo que hace 19 años era impensable hoy es una realidad: el matrimonio igualitario, la adopción entre parejas del mismo sexo; que existan tantos medios alrededor del mundo que publiquen contenido relacionado con la comunidad LGBTQ+; que empresas nacionales y transnacionales promuevan el respeto a la diversidad sexual y hasta estén presentes en la marcha gay; que Samantha Flores, una mujer trans, haya creado el primer albergue para ancianos LGBTQ+; y, más recientemente, que en México se proponga una iniciativa de ley para que  se castigue a quienes torturen o repriman a jóvenes y adolescentes LGBTQ+ con el fin de modificar su orientación sexual o identidad de género.

La lista sigue y aún hay mucho por hacer. Para quienes no me conocen, soy Mildred. Llevo año y medio escribiendo para Homosensual. Y ahora, como líder del equipo editorial, pretendo que además de notas de entretenimiento, noticias LGBT+ y todos los tipos de contenidos que se publican aquí desde hace seis años, también les ofrezcamos reportajes, entrevistas y artículos más profundos, incursionando en el periodismo de investigación para contar historias nuevas que nos ayuden a fortalecer la unión en nuestra comunidad; todo esto para que si alguien siente todo eso de lo que ya les hablé, sepa que aquí podrá encontrar desde consejos de cómo salir del clóset con su familia, galerías o notas para entretenerse, hasta reportajes sobre casos de discriminación, entrevistas con psicólogos y especialistas para poder informarse o, quizá, ayudar a alguien más. Si quieren saber un poco más de mí y de mi novela Lo hice por amor, les dejo esta reciente entrevista para el programa Diversidad CDMX.

Con mucho orgullo me subo a este barco Homosensual. Gracias, Alberto y Alex, por la confianza que ponen en mí. Y gracias a quien se haya tomado la molestia de leer toda esta letanía y llegar hasta el final.

Los invito a todos, independientemente de su orientación sexual o identidad de género, a que nos unamos para que algún día ser gay o buga o trans o asexual no sea motivo de ser despedido, agredido o discriminado, sino que simplemente dé igual.

¡Que viva el amor!