pasividad sexual

¡Pero qué molesta es esa actitud de pensar a los roles pasivos sexuales como propios de gente débil…! Dos cosas me han puesto a pensar recientemente en este asunto, en que seguimos manteniendo actitudes a nivel sociedad que tienden a denigrar a la acción de recibir a otro dentro del cuerpo. Una de ellas fue Nymphomaniac Vol. II de Lars von Trier, quien es uno de mis cineastas favoritos (aunque no sea experto en el tema, para ello tenemos a nuestro querido Gus Barrientos) y la otra fue un libro que recién empecé pero se los recomiendo ampliamente si les interesa la temática: “Toward a Theology of Eros” (Hacia una Teología de Eros), editado por Virginia Burrus y Catherine Keller. Lo común a estos dos detonantes de ideas es redefinir la sexualidad, el pulso primigenio, la fuerza visceral que nos trajo al mundo, el foco de tabúes y estigmas sociales.

Empezando porque a veces…

hablar de ser mujer pareciera algo malo

pasividad sexualSobran los ejemplos de todo aquello que nos recuerda la sombra del desprecio social por quien es penetrado… chistes de mal gusto, comentarios al margen que a veces no vienen al caso, lo florido de nuestro lenguaje (adentro y afuera del estadio de fútbol). Etcétera, etcétera, etcétera: estamos rodeados de posturas denigrantes y, hay que admitirlo, a veces es muy complicado hacerse de una identidad y una imagen personal bañadas de orgullo cuando se prefiere recibir el cuerpo de nuestra pareja sexual cuando nos vemos bombardeados por estas ideas. O típico que consideramos al hombre gay pasivo como un ser más parecido a una mujer que a un hombre (empezando porque hablamos de ser mujer como si eso fuera algo malo) o nos cuesta trabajo imaginar al chico más rudo y varonil del antro poniendo el trasero en alto y si lo hacemos, muy probablemente la imagen mental que nos hagamos tendrá un fuerte tono de burla. ¿No es demasiado heternormativo eso de asumir que el receptor sexual es débil y femenino? Por principio de cuentas, a pleno siglo XXI no deberíamos seguir pensando que la feminidad es un sinónimo de debilidad. Si hasta a las parejas #Bugasensuales que les gusta hacer pegging (él siendo penetrado por algún juguete que ella use) cargan el estigma social de lo que se pensaría una sexualidad atrevida, alocada o -en algunas mentes más conservadoras- casi diabólica. Lo heternormativo es una ilusión de normalidad que se cuela a todos lados, seamos o no heterosexuales. Chicas #Lesbosensuales, no me dejarán mentir sobre el hecho de que hay mujeres activas y eso no significa ser la sustitución de un hombre.

No necesito meterle nada a nadie

para ser un muchacho de pies a cabeza

A mí, en lo personal, este tema me ha afectado más de lo que me he atrevido a reconocer. Soy un chico #TransSensual gay, la forma de mi cuerpo me impide penetrar a mi pareja sin valerme de un sextoy. Me han preguntado hasta el cansancio que si soy pasivo o activo, que cómo le hago para ser activo, que si uso mis genitales para lo que fueron diseñados por naturaleza o si prefiero evitarlo… ¡Oigan, mínimo inviten un cafecito antes! Tanto de personas cis como de personas trans he recibido miradas perplejas, comentarios extraños y demás cuando menciono algo sobre que sí, soy hombre, no tengo pene, no me interesa tenerlo y eso no me impide que me gusten los hombres gays o que yo pueda gustarles. En un momento me dije: basta de dejar que lo que me digan me haga sentir como un hombre disfuncional e incompleto, no necesito meterle nada a nadie para ser un muchacho de pies a cabeza ni tengo que vincular mis gustos privados con mi carácter, mi forma de vestir y de expresarme si no quiero. pasividad sexualEsto me dio chance de quitarle el nombre al cuerpo y pensar la pasividad sexual sin importar el orificio en cuestión o sin pensar demasiado en identidades cis o trans, heterosexuales u homosexuales. Todos lo sabemos: no hay activo sin pasivo, pero prefiero pensarlo como que no hay energía que no se complemente con otra. El sexo es un acto por el cual los cuerpos y las personas se unen, se funden, se desdibujan y se convierten en un amasijo de piel, sudor, cabello, sangre y respiraciones; tanto en el desenfreno casual como en el amor desbordado por los poros, es fácil sentir que las fronteras entre un cuerpo y otro se hacen débiles y nos convertimos en lo mismo. Propuesta: más que pensar en quién está aportando qué parte para construir ese puente entre personas, sensaciones y sentimientos ocupémonos de pensar en la sincronía y la unión. ¿Y si empezamos a pensar menos en irrumpir en la carne ajena y empezamos a sentir más que somos recibidos, envueltos, abrazados por el otro o mejor aún, parte uno del otro? ¿Qué sucedería si miramos las cosas desde otro ángulo la próxima vez que dejemos la ropa amontonada en un rincón, sudor y gemidos tejidos por las sábanas, las paredes, los techos y las puertas?

La sexualidad es una gema pulida con cientos de facetas

No tiene que ser el revolcón de tu vida para mirar las cosas con otra perspectiva o pensar un poco más en lo que nos deja el dar o recibir, más allá del orgasmo y los fluidos corporales. La sexualidad es una gema pulida con cientos de facetas, no puedo imaginar algo más aburrido que mirar algo tan complejo desde un mismo punto de vista todos los años de tu vida. ¡Uno se estaría perdiendo casi todo el panorama! Lo que hagas o no sexualmente con tu cuerpo, tiene menos que ver de lo que suponemos con quienes somos realmente. Y mirando las cosas así, ¿tiene algo de malo o de indigno ser pasivo? Por supuesto que no. Dicho de otro modo: no dejes que nada ni nadie te haga sentir vergüenza cuando, hablando de sexo, para ti es mejor recibir que dar.