Me acuesto con personas de mi mismo sexo, pero no soy LGBT / Foto: Especial

¿Qué pasa cuando no te consideras gay, lesbiana o bisexual, pero te gusta tener encuentros con personas de tu mismo sexo? ¿Qué sucede cuando no te identificas con ninguna etiqueta?

Pareciera que un largo camino ha sido recorrido desde que estábamos obligados en el universo sexual a definirnos, y que las cosas han cambiado. Pero la realidad es que hoy me sigo encontrando con la regla de que todo conlleva una etiqueta. Hasta la fecha no encuentro la mía en paquetería: soy buga, pero disfruto tener sexo con chicas…y con mi chico. Al mismo tiempo. Sí.

¿Lo correcto sería declararme como bisexual?

En el sentido práctico de la palabra, podría ser. Pero si lo que me excita es tener a mi chico y a una chica desconocida en la cama, la bisexualidad en su forma más estricta termina sonando ambigua. A mí me gusta la atención, me gusta ver cómo desean a mi chavo, pero me gusta estar ahí presente para desear y ser deseada también.

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Algunas personas me han preguntado si no siento celos. La respuesta siempre es la misma: todo está en la complicidad, porque no hay relación abierta que soporte una traición. Las reglas deben ser claras, en nuestro caso es sencillo: ella se va, él se queda y no hay ningún contacto post sexo. Pero para intentarlo, primero hay que saber qué tanta sintonía hay entre tu pareja y tú. Llegar a ese nivel de aceptación requiere un arduo trabajo personal y en común.

Pero no, esto no es un tratado sobre parejas swingers...

No es intercambiar lo que me resulta atractivo. No es tener un trío en particular lo que me resulta llamativo. Incluso alguna vez mi chico me propuso traer a un güey, y que nuestro threesome fuera para mi completa satisfacción. Porque claro, como se esperaba, él siendo un hombre hetero no tocaría bajo ninguna circunstancia a nuestro visitante (y ese es otro rollo que valdría la pena analizar).

Algunas personas prefieren vivir sin etiquetas, ya que no se identifican con las siglas LGBT+. / Imagen: Cosmpolitan

Pero la idea de tener que cumplir con dos compas me parecía todo menos sexy. ¿Por qué? ¿Por qué preferir una mujer aunque eso signifique compartirlo a él? Simple: porque son ellas las que me atraen. En realidad las cosas no son tan retorcidas como parecen. El juego erótico entre dos chicas que no se consideran lesbianas puede ser increíblemente lúdico. Y no estoy diciendo que no exista connotación sexual porque sí que la hay, pero pareciera que los orgasmos se suscitan antes de llegar a la cama. He tenido tantos orgasmos en mi mente como en mi cuerpo.

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No soy la única que fantasea con otras sin declararse homosexual.

En múltiples estudios, mujeres consideradas heterosexuales han hablado de sus fantasías con otras mujeres. Por mi parte confieso que con ellas hay un relato, un aroma, un delirio, un coqueteo que podría durar la noche entera con la promesa de solo un beso. Y eso lo hace terriblemente seductor.

Por supuesto que antes de llegar a esta concesión con mi persona tuve que experimentar. Como toda adolescente tuve dudas sobre mi sexualidad. Tuve novias. Y podría haberme declarado gay. Ningún juicio moral o familiar me lo impedía. Sin embargo, no lo hice por una razón: al final me gustan más los hombres. Me gusta más tener sexo con ellos, me gusta tener relaciones “serias” con ellos, y como mujer puedo decir que para mí las mujeres somos muy complicadas como para enamorarme. Mas no tan complicadas como para no invitarlas a mi ensoñación.

¿En dónde quedamos los “sin etiquetas”, los que no entramos en ninguna definición?

Como dije, no encuentro una etiqueta adecuada para mí. Sé que nos pasa a muchas y a muchos. Que no sabemos dónde colocarnos cuando nos dicen que nos alineemos con nuestro equipo. Pero ¿finalmente no se trata la vida de disfrutar, experimentar y reexperimentar cuando creías que ya sabías lo que te gustaba?

Las etiquetas nos ayudan a ubicarnos, a darnos cuenta que no estamos solos, pero no deberían limitar nuestro deseo, porque como seres humanos estamos en constante cambio. Y más vale que sea así.

Quizás mi etiqueta como la de muchos más, debería venir con una advertencia: imposible saber qué esperar.