La Riviera Maya es uno de los paraísos más atesorados del caribe mexicano. Ya muchos conocen Cancún, Tulum, Playa del Carmen y las ruinas mayas. Sin embargo, Cozumel no se queda atrás, y lo mejor, uno no tiene por qué empeñar al primogénito.

Ubicada a una media hora en ferry desde Playa del Carmen, Cozumel es una islita al extremo este de la República Mexicana, en el estado de Quintana Roo, y con mucho que ofrecer, al grado de que todos los días se ven cruceros nuevos en sus horizontes.

Gran parte de los turistas se escandalizan por los dólares que uno tiene que gastar cuando visitan toda esta área. Pero como en todos lados (desde un pueblo bicicletero hasta New York o París), sabiendo buscar, uno puede divertirse mucho sin tener que desembolsar una fortuna. Así que tomen nota para este verano.

Ir a la playa

Oficialmente, en México todas las playas son públicas (sí, todas, no importa lo que digan algunos hoteles “exclusivos”, está en la Constitución), y las playas en Cozumel son increíbles, así que recórranlas hasta el cansancio. En mi experiencia, las mejores no se encuentran frente a Playa del Carmen, sino del otro lado de la isla, más tranquilas. Así que sean los primeros en el país en admirar el amanecer, o vayan a trotar con una buena lista, naden como Ariel, organicen una partida de cartas con cervezas en mano, o échense en la arena con un buen libro o para un masaje.

Caminar por el malecón

Cuando extrañen un poco el concreto y los turistas, regresen al malecón, mejor conocido como la Avenida Rafael E. Melgar, a caminar un poco, disfrutar de Playa del Carmen a lo lejos, revisar las vitrinas de las tiendas y detenerse a comer. Aunque claro que hay turistas, no se puede comparar con las masas de turistas extranjeros que tiene Cancún, y en general las tiendas son un poco menos caras. Los edificios tienen un encanto pueblerino y costero, la atmósfera es agradable, y los locales no podrían consentir más a los turistas.

Zona Arqueológica de San Gervasio

Ok, ok, ok… para los ñoños de la clase también está la lección de historia. El Instituto Nacional de Antropología e Historia ha protegido esta pequeña área gracias a la rica herencia prehispánica que presenta, y pasó de ser asentamiento maya a rancho ganadero, para terminar bautizándolo con el nombre del santo del propietario, en el siglo XX. Localizado al centro de la isla, uno puede visitarlo por 70 MXP, y en una de esas, hasta a alguna iguana verán posando para la foto.

Subir al mirador

Si lo suyo son las fotos panorámicas, nada como el Parque Punta Sur, cuya entrada es de 252 MXP para adultos y 144 para niños. Pueden recorrer la laguna Colombia (cuidado con los cocodrilos), y en el edificio, visitar un pequeño museo con información geográfica e historia sobre el Faro Celarain y la isla (incluso hay algunos artefactos y relatos piratas), pero la razón para ir es la punta de la torre. Desde ahí, los adictos al ecoturismo, a la foto profesional (o a las mejores selfies), y a las vistas bañadas de verdes y azules brillantes, se pueden dejar ir por la brisa del mar.

Comer en Playa Alberto’s

Y bueno, pues ya hace hambre, ¿no? Aléjense de las franquicias con comida tex-mex de los centros urbanos de la Riviera Maya, de los turistas pálidos que no aguantan la salsa, y de los precios exhorbitantes; y busquen esta palpita tranquila en la maleza de Cozumel. Comer en Playa Alberto’s (a una media hora en coche del puerto, hacia el sur) es lo mejor que harán en la isla, ya que además de ser barato, los pescados y mariscos fueron recién pescados, el servicio es excepcional, y los platillos parecen haber sido cocinados en el cielo por manos de ángeles. ¡Quédense hasta el atardecer para escuchar a la banda en vivo a la luz de las antorchas!

Ya lo vieron, ahora lo que sigue es empacar y treparse al avión, porque Cozumel nos espera a todos con muchas atracciones muy divertidas.