Uno de los destinos más subvalorados del centro de la República Mexicana me dio hace poco una muy grata sorpresa. Hidalgo me trajo uno de los fines de semana más románticos que he tenido.

¿Y por qué? Porque en Hidalgo, aunque no me lo crean, hay mucho que hacer, al menos un fin de semana. Los destinos son bonitos, las opciones, económicas, y la gente, amable (claro que las efusivas demostraciones de afecto en público no son lo mío, pero era claro con quién iba y en qué plan, y nunca recibimos ninguna mala cara ni malos tratos).

Pues les platico *saca la tetera y sirve en tazas de porcelana con flores pintadas* que un día mi novio me dijo que apartara un fin de semana, me dio instrucciones del tipo de ropa que iba a necesitar, me cubrió los ojos y me subió a su coche. Tras dejar la capital, y recorrer un par de horas la carretera, me dijo que ya podía descubrirme los ojos. Esto no ayudó, ya que solamente veía lo que parecía ser un pueblo mágico, pero ningún letrero era claro, solamente veía muchas tiendas de pastes, pero ni siquiera una playera del equipo de futbol local que me diera una pista confiable (ay ajá).

Ex Hacienda de San Miguel Regla

El primer destino resultó una cabaña muy romántica, que nos esperaba con una botella botella de vino y leña en la chimenea. Las cabañas Los Cactus se ubican en San Miguel Regla, junto a la bella ex hacienda de San Miguel Regla (abierta al público) y al Lago Turquesa, un espacio natural donde los smartphones se olvidan y las truchas se pescan y comen frescas.

A unos quince minutos en auto visitamos también Huasca de Ocampo, un pueblo pequeño y tranquilo con muchas artesanías, muchos litros picantes de cerveza y mucha comida tradicional mexicana muy rica. Quizá lo más interesante fue el recorrido nocturno por el bosque que rodea al pueblo, en el cual los lugareños nos relataron, a la luz de antorchas, leyendas de fantasmas y duendes que entretienen a los visitantes.

Los Prismas

Lo que me sacó de mi zona de confort fue que mi novio me pidiera, el sábado por la mañana, que me subiera a una cuatrimoto rentada. Por favor, no me imaginen sobre ese toro, recorriendo caminos empedrados, con mi Cosmopolitan en una mano y el manubrio en la otra (ya ni les cuento cómo terminaron mis tacones Jimmy Choo). Pero valió la pena: la primera escala fue en Los Prismas, formación natural de piedras monumentales con formas geométricas, la segunda en Peña del Aire, donde me obligaron a lanzarme en tirolesa para admirar la vista del cañón que separa a Hidalgo de Veracruz, y la tercera, en un mercado de artesanías y comida, donde los licores de decenas de dulces sabores se llevaron las palmas.

Real del Monte

Nuestro fin de semana terminó en el pintoresco Real del Monte, con casas que pintan de brillantes colores las calles impregnadas con el olor de pan recién horneado. Nunca me imaginé visitar, primero, un hospital antiguo hecho museo en la punta de una colina (donde se atendían sobre todo a los trabajadores de las minas), y segundo, un pequeño cementerio inglés (sí, leyeron bien, británico), con tumbas antiquísimas y apellidos poco comunes.

Así que ya saben, si quieren sorprender a su pareja y quedar muy bien, sin gastar demasiado, en Hidalgo encontrarán mucho más que pastes, desde historia colonial hasta ecoturismo.

Y tú ¿qué opinas?