Pasaporte, visa, boletos de avión, bloqueador solar, un buen libro… ¿Qué falta en la maleta? Antirretrovirales.

Aunque generalmente es nuestra mamá o un amigo muy maternal quien lleva un botiquín en el equipaje, hay otro grupo de personas que deben cuidar su salud a donde quiera que vayan: las personas con VIH. Pero esto no tiene por qué limitar la diversión.

Hoy sabemos que tener un virus como el VIH no es lo fue en los ochentas. Todo lo contrario, las personas que viven con el virus pueden llevar una vida completamente normal: trabajan, se ejercitan, tienen una vida sexual activa y se divierten. Y aunque es cierto que algunas cosas cambian, como salir poco a poco del clóset “positivo”, ser más cuidadosos con la salud, o acostumbrarse a tomar medicamentos e ir al médico periódicamente; otras no tienen por qué representar un obstáculo, como es el caso de uno de los mayores placeres en esta vida: viajar. Y aunque muchas personas con el virus ya tienen dominado el terreno, hay algunos novatos que tienen algunas dudas y no les caerían mal unos consejos:

¿A dónde (y a dónde no) viajar?

Primero: ¿Dónde se es bienvenido? Obviamente el destino es lo más importante, tanto para saber si hay que empacar traje de baño o botas para la nieve, como para que no nos detengan en migración. Desafortunadamente, existen países que limitan la entrada de los extranjeros si son VIH positivos por considerar peligroso al virus. Algunos países que limitan la entrada son la Guinea Ecuatorial y los Emiratos Árabes Unidos. Otros países con restricciones al tratarse de estadías menores de noventa días son Rusia, Irán, Iraq, Singapur y Qatar; mientras que de las estadías mayores de noventa días se encargan (para sorpresa de algunos) Australia, Canadá, China, Corea del Sur, y otros.

No obstante, los países amigos son Argentina, Japón, México, España, Colombia, los Estados Unidos y más. Hay países que no ofrecen información, como Bermuda, y otros que incluso deportan a los VIH positivos, como Egipto y Taiwán. La lista completa la pueden revisar en hivtravel.org.

No permitamos que la ignorancia de la gente o de las leyes impida que pasemos un buen rato en una selva increíble, en un hotel gran turismo con todo incluido con vista al océano, o en la capital de nuestros sueños.

Viajar con medicamentos antirretrovirales puede parecer muy complicado, pero siguiendo algunos pasos se puede lograr mucha diferencia. Estos medicamentos deben llevarse en sus empaques originales, con el nombre del paciente, en buen estado y en el equipaje de mano (porque el que se documenta puede perderse o retrasarse). Hay que llevar suficiente para algunos días extras, ya que algunos medicamentos pueden ser difíciles o imposibles de encontrar en algunos lugares, o muy caros. Hay que llevar también la prescripción médica (de preferencia con una traducción oficial en inglés, y la cual no debe mencionar nada sobre VIH), y revisar las reglas nacionales de migración y aduana, aunque generalmente  los medicamentos de uso personal (las dosis para algunos días o semanas) no deben causar problema.

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¿Y en la maleta?

Además, al estar en los puertos internacionales, o cruzando fronteras, es mejor no comentar a ningún oficial o pasajero el estado de VIH (no es ilegal no hacerlo, ni es de su incumbencia). Antes de llegar, y sobre todo si la estadía será larga o el estado de salud es delicado, es recomendable ubicar una clínica especializada y/o una organización que defienda los derechos de las personas con VIH, las cuales pueden informar sobre la adquisición local de medicamentos (reglas, precios, etc.).

Aunque en ningún país nos hacen la prueba, algunos sí preguntan por el estado al solicitar una visa o al llenar el formato de migración. Finalmente, por desgracia, el sentido común indica que es mejor mantener un perfil bajo en general, ya que las percepciones sobre el virus y la infección cambia de lugar en lugar y de persona a persona, así que no les demos motivos a los demás para pensar ideas incorrectas, POR MUY INCORRECTAS QUE SEAN.

Negar la entrada a un país a personas con VIH (o, me atrevo personalmente a afirmar, con cualquier otra condición de salud) incrementa el estigma y la discriminación. Activistas en todo el mundo se han encargado durante mucho tiempo de tratar de disminuir esta situación, y aunque se les aplaude, todavía falta mucho para alcanzar la normalización, la inclusión y el respeto total. Mientras tanto, esperamos que estos consejos les sirvan. Bon voyage.

Y tú ¿qué opinas?